Miércoles 25 Noviembre 2020

Hace unos días atrás había estado pensando en escribir una nota de opinión sobre el futuro luego del COVID19. Pero al ver que todo el panorama cambia y muta constantemente en un reducido período de 2 horas, desistí de hacerlo, porque en esas condiciones, dejaría de ser un análisis racional del escenario y pasaría a convertirse en un mero ejercicio de futurología. Y ciertamente, sobre Astrología y futurología no entiendo ni se un comino.

Y justo en una mañana, cuando estaba reflexionando sobre esto, me desayuno con que horas antes, más precisamente durante la madrugada, la otrora fehaciente CGT , transaba con los pantalones bajos, sin ropa interior y con un pote pequeño de vaselina, un acuerdo con la UIA que solo encuentra parangón en la historia argentina en los inicios de aquellos años 1920 en nuestra Patagonia, más precisamente en nuestra querida Provincia de Santa Cruz.

Al principio, como cualquier noticia impactante cocida entre gallos y medianoche, me dejó sin reacción, porque no entendía nada, más aún, cuando apenas unas semanas antes escuché en una radio porteña a Héctor Daer negar algún acuerdo similar al refrendado esa noche y sobretodo porque la noticia hablaba de la venia del Gobierno Nacional a validar esta medida que evidentemente atenta de manera directa contra el bolsillo de miles de trabajadores.

Por supuesto empecé a buscar en internet si acaso esto se trataba de otra fake news, pero no. Era totalmente cierto. Si hasta el periodista Roberto Navarro, gran empuje y capitán de la resistencia Nacional y Popular durante los cuatro años que parecieron cuatro décadas de macrismo, se mostraba en su portal de noticias eldestapeweb.com totalmente ofuscado, indignado con la posición del gobierno de Alberto Fernández de rubricar al pie este “acuerdo”.

Obviamente, mi reacción evidencia cierta decepción. Voté a Alberto, convencido de que si Cristina “lo perdonó”, ¿quién soy yo para no reconocerlo como nuestro candidato a evitar 4 analemas más de macrismo? ¿Y por qué digo nuestro candidato? Porque 4 años de neoliberalismo pseudoliberal importado en pleno siglo XXI son suficientes para aprender a aprehender nuevas herramientas y conocimientos que cimienten nuestra experiencia como actores políticos de una Nación que se digne en preciarse como tal. Porque “aunque se rasquen con un marlo”, todos y cada uno de los que componemos este mundo terminamos siendo actores políticos en este teatro de contubernios, exposiciones y parafernalias humanas y de las de aquellos que no calificarían como miembros de la especie. Por ello era nuestro candidato, el único con reales chances de terminar casi un lustro de ignominia y continuar un proyecto truncado luego de varios embates de nuestros enemigos.

Y desde que Alberto Fernández asumió en Balcarce 50, como ciudadano consciente de nuestro rol político en la sociedad, dejo pasar por alto pero a regañadientes que no apoye la disolución de los monopolios mediáticos y que además le quite pauta a los medios pequeños que con ideologías populares montan una verdadera PyME de información sin intereses foráneos. Y esto solo para no debilitar el poder que intenta cosechar en tiempos donde el Grupo Clarín es uno de los cinco conglomerados empresarios de medios audiovisuales más poderosos de, al menos la América hispanohablante. Porque ya sabemos el dicho popular que reza: “ningún gobierno resiste 5 tapas del Clarín”.

Y convalido que le guste la idea de gravar extraordinariamente a las cincuenta fortunas más abultadas de nuestro país, o las once mil personas que dicen, alcanzaría el nuevo tributo según el anteproyecto de ley. Pero no me simpatiza que en esas listas no figuren las sociedades que rigen el control de los bancos privados multinacionales como el Santander, Galicia, ICBC, entre otros. O al Sr Joe Lewis, dueño ilegítimo de extensas propiedades en cercanías de El Bolsón, o Ted Turner que tiene un maravilloso latifundio comprado a precio vil en nuestra Provincia, o al mismísimo paisano Eduardo Elstain, vinculado comercialmente con el magnate húngaro George Soros, titular de la Fundación Open Society con sede en 90 países incluido el nuestro. ¿Por qué a ellos no se los puede tocar?

Voy a aplaudir y vitorear las acciones de gobierno que sin prebendas intermediarias termine en beneficios para el conjunto de la sociedad argentina, esas que de ser continuadas dejan un aparato productivo funcional y coherente con nuestra idiosincrasia, que si bien tiene sus matices según la región geográfica, tiene también un bien marcado sentir nacional forjado por millones de historias similares bajo un mismo cielo celeste y blanco. Acciones que determinen un presente fructífero para todos los que emprendan concienzudamente su viaje terrenal adulto. Acciones que promuevan una educación que incentive a los pibes a hacer preguntas en lugar de repetir hasta el cansancio datos sin ninguna aparente conexión con el mundo real.

Pero no voy a ser obsecuente de las atrocidades hechas que evidencien el joystick de quienes ayudaron con su aporte financiero a la confección de carteles con la cara del Presidente y la Vice; los spots de televisión y Youtube.

Es una aberración que el Presidente de la Nación, haga la vista gorda ante semejante atropello a los derechos laborales de TOD🌞S, en un momento donde es el mismo Gobierno quien propone detener la economía a raíz de una cada día más evidente falsa pandemia que solo es útil como cortina de humo para flexibilizar -eufemismo moderno utilizado para referirse a la explotación laboral- de hecho al trabajo y cercenar -también de hecho- libertades individuales. Porque este acuerdo CGT-UIA es el principio de una ola de transas entre la burocracia sindical y los dueños de la producción industrial, y luego será otro gremio, y luego otro, y después los empleados públicos nacionales, y las provincias también aprovecharán para reducir salarios si la falsa pandemia se extiende por varios meses más. Porque aunque decidan comenzar algunas actividades productivas luego del 10 de mayo, la realidad es que la totalidad de los trabajadores no va a retomar sus labores inmediatamente, incluso muchos de ellos, con seguridad sean despedidos de sus fábricas antes de un nuevo aniversario de La Vuelta de Obligado.

Posiblemente, este parón económico visiblemente inducido de forma deliberada por aquellos poderes que se están disputando el control total de la humanidad, esparciendo venenos mortales al aire, infestando ciudades enteras con muerte y desazón, instalando antenas de microondas electromagnéticas a altísimas frecuencias sin un solo estudio de impacto ambiental o humano, insuflando en las personas miedo a un enemigo invisible que, incluso algunas corrientes científicas independientes del poder financiero-farmacéutico mundial han catalogado de lisa y llana mentira, poniendo en duda con evidencia científica sólida incluso, la existencia de los virus como patógenos que causan enfermedades sino que, como producto directo de una enfermedad en curso.

Tal vez esta falsa pandemia solo está evidenciando raudamente, que quizás, otra vez elegimos al mal menor en unas elecciones, ¿democráticas?

FIN

 

 

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